Editorial:Taschen Edición: No disponible 2008 Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta Idioma del libro: Castellano
Resumen: Con textos del coleccionista Eric Godtland, de George Hagenaur y del editor de True Detective Marc Gerald, el libro True Crime Detective Magazines plantea un entretenido e informativo recorrido por uno de los fenómenos editoriales más extraños de todos los tiempos.
Cientos de ilustraciones interiores y de portada, tomadas de docenas de revistas, nos cuentan la historia de los detectives, y también de la actitud de América frente al sexo, el pecado, el crimen y el castigo a lo largo de medio siglo.
Detective Magazines sigue el auge y declive de este género típicamente americano desde 1924 hasta 1969. En la cúspide de la Era del Jazz, cuando la Ley Seca transformaba a ciudadanos comunes en criminales y a criminales en celebridades, nacieron las revistas de detectives que reflejaban hechos delictivos auténticos.
True Detective fue la primera de esas publicaciones, en 1924. Diez años después, cuando la Gran Depresión ya había dado lugar a forajidos tan pintorescos como Machine Gun Kelly, Bonnie y Clyde, Babyface Nelson y John Dillinger, estas publicaciones ya eran populares, y tanto los policías como los delincuentes querían verse retratados en sus páginas.
Incluso el jefe del FBI, J. Edgar Hoover, escribió de forma regular para lo que, usando la jerga policial, se llamaban los Dickbooks.
True Detective, American Detective, Inside Detective, Real Detective, Master Detective, Startling Detective y otras revistas similares alcanzaron su máxima popularidad en los años treinta, con sus portadas seductoras y autores como Jim Thompson reflejando el impulso criminal.
Sin embargo, con el paso de las décadas, estas publicaciones experimentaron un cambio singular. Cuando el licor volvió a ser legal, la Depresión quedó atrás y los criminales más llamativos estaban muertos o en prisión, los detectives volvieron la vista al pecado para sostener las ventas.
Cada rincón de la revista mostraba chicas malas y sexys, con sweaters ajustados, faldas con una pronunciada apertura lateral y tacones de aguja. En la cubierta, podían leerse frases tan llamativas como “Yo fui ladrona a la fuerza”, “Hábitos sexuales de mujeres asesinas”, “La novia del pecado”, “Ella me engañó como a un primo”, o más sucintamente, “Mujeres malas”.